Por Javier Muriel, creador de Pranayam®
Cada día respiro unas 20.000 veces sin decidir ninguna. Basta con que atienda a una sola para poder alargarla, detenerla o volverla silenciosa. Esa doble condición, automática y voluntaria a la vez, es el punto de partida del pranayama.
La palabra
Prāṇa es, en los textos del Hatha Yoga, la fuerza que anima el cuerpo y que se hace visible en el aliento. Āyāma significa extensión o regulación. Pranayama es, por tanto, el trabajo de regular el aliento con atención, ritmo y medida.
No es un ejercicio de capacidad pulmonar ni una técnica para rendir más. Es una disciplina que se aprende en orden, como cualquier oficio.
Lo que ocurre en el cuerpo
En reposo, un adulto respira entre 12 y 20 veces por minuto. Cuando la respiración se vuelve lenta, nasal y con la exhalación más larga que la inhalación, el sistema nervioso autónomo tiende a desplazarse hacia la rama parasimpática: baja la frecuencia cardiaca y la atención se estabiliza.
Lo noto en tres señales concretas: el abdomen se mueve antes que el pecho, el sonido del aire casi desaparece y la mente deja de saltar de un tema a otro. No hace falta creer en nada para observarlas.
El mapa de la tradición
Los textos clásicos describen el recorrido del prāṇa con un vocabulario propio: los nāḍīs, canales por donde circula, y los vāyus, las direcciones de su movimiento. Lo leo como un mapa de percepción interna: una manera precisa de nombrar lo que se siente en el cuerpo cuando la respiración se afina.
Ese mapa no sustituye a la fisiología ni compite con ella. Las dos describen el mismo proceso desde lugares distintos, y en la práctica se complementan.
Por qué se aprende en etapas
La Haṭha Yoga Pradīpikā (siglo XV) compara el aliento con un león o un elefante salvaje: se doma poco a poco, nunca por la fuerza (II, 15). Seis siglos después, la recomendación sigue siendo la misma. En mi enseñanza la progresión tiene cuatro pasos:
- Estabilizar la respiración: que sea continua, sin cortes ni esfuerzo.
- Alargarla y afinarla: más lenta, más silenciosa.
- Introducir pausas conscientes (kumbhaka), solo cuando las dos etapas anteriores están firmes.
- Dejar que la respiración se vuelva casi imperceptible.
El objetivo no es hacer más, sino hacer más fino. Cada etapa se adapta a la capacidad real de quien practica, y saltarse una suele traducirse en tensión o sofoco.
Fuera del cojín
Lo que se entrena sentado aparece después en la vida corriente: en cómo descanso, en cómo me muevo, en cómo respondo ante una situación tensa, en cuánto tiempo soy capaz de permanecer en silencio. El pranayama es, sobre todo, una educación respiratoria.
Para empezar
- Primeros pasos en pranayama: una práctica guiada de 20 respiraciones, sin retenciones.
- Formación Pranayam® HEY (100 h): el recorrido completo, de la base fisiológica a la enseñanza.
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